Los más oscuros secretos, los más ansiados deseos, las palabras más arriesgadas, las caricias más vehementes, las miradas más cómplices, los besos más intensos. Y unos ojos que se escudan tras sus propios parpados. Que no se arriesgan a mirar más allá de lo que se deja sentir. Y que no quieren saber más de lo que intentan olvidar. Ojos, que censuraron la vida, cuando ésta intentó mostrarle todo aquello, en lo que se niegan a creer.
Ojos que quisieran entender, el impulso desmedido de querer, de soñar, de pensar, de extrañar, de doler. De adormecerse entre brazos desconocidos. De anhelar mucho más de lo que se exige. De hacer mucho menos de lo que se siente. De vivir.
Las palabras se tornan más sutiles que nunca, cubiertas por los sonidos más dulces de tu boca. Las dejo escapar, sí. Porque me resultan casi tentadoras.
En noches como ésta, el cielo tiene otro color, algo más tenue. Y la brisa, susurra otro tipo de secretos. En noches como ésta, recuerdo que nuestra historia, nunca tubo un nombre, tampoco un final y que sus personajes se perdieron entre libretos, que jamás fueron aprendidos y que actuaban por si solos. A pocos centímetros de otros labios, sentí que aún estaba atada a los de él. Que me sentía observada por unos ojos, que no se encontraban en ningún otro lado, más que en el de mi propia mente. Lo cual, era aún peor.
El destilar de un cúmulo de recuerdos, que se expanden contradictoriamente, por un agujero llamado vida. Me besa los pasos, es tierra mullida bajo unos pies que caminan lenta y pesadamente.
Me detengo un poco, después de levantarme entre la hierba casi mojada, no por la lluvia ni el rocío de aquella noche, más bien por la hipersensibilidad que me abandona gota a gota.
Entonces me pregunto si es realmente lo que deseo. Si los momentos capturaron la suficiente savia de cada mirada. Si no es tiempo de dejarlo. Y de intentar salvar este pedazo de corazón, que se adentra a cada latido, y que duele cada vez que se deja querer. Me pregunto si valdrá la pena.
Me pregunto, si encontraré respuesta a mi cobardía, para llenar mis bolsillos de coraje, para vaciar la anorexia de mis sentimientos, para reinventar mis pasiones, y acabar con las absurdas razones de mi egoísmo.
Para encaminar hasta tal punto mis ambiciones, sobre las agujas de un reloj, en el que a cada segundo, se siente cómo un pequeño trozo de piel, es arrancado de algún lugar mi fuero interno.
Me pregunto también, si podré descansar de la inseguridad de verme casi moribunda frente a la altura de tu mirada, tan dócil y centelleante. Y si dejare de saberme tan imperfecta como para querer seguir abandonada en aquel pedazo de acera gris. En la que un día caí, y de la cual nunca me he vuelto a desprender. Quizás, porque me sienta bien ser seducida por su frialdad, o quién sabe, por creerme muerta, mientras consigo divisar desde una lejanía casi perpetua, tu respiración entre cortada, tus dientes perfectamente dibujados, mordiendo suavemente la comisura de tus labios, tus grises, brillando con un dolor impenetrable, tus zapatos ya gastados, que han recorrido kilómetros de trazos dibujados bajo la piel. Mi piel.
Recuerdo que por estas fechas, llegabas radiante, extasiado de sombras, anhelos, y la lejanía bebida, de una ausencia casi inmutable. Rebosante de palabras, de miradas que decían mucho más de lo que conseguía escapar a través de mis labios. Historias llenas magia y encantos a modo de lubricante para el alma. Recuerdo que te quería, que te quise y que volvería a quererte. Recuerdo tus manos buscando impacientes las mías. Recuerdo tu aroma, tu cabello, tu sonrisa, tus labios, tus mejillas, tus abrazos…Maldita sea. Lo recuerdo todo. Lo recuerdo tan bien, como que me duele verte. Como que me duele oír la misma pregunta siempre. Como que me duele mentir al responderte.
-Hola. ¿Cómo estas?
-Muy bien, gracias...
Lo recuerdo tan bien, como sé que aún me dueles.
"Tanto creo en ti
Que he dormido muerto
Sueño hasta despierto la luz de los dos..."